EN LA HOGUERA

Cuando el reo inocente se estaba achicharrando en la hoguera, los inquisidores le mostraron un crucifico para que el pobre hombre se arrepintiera antes de morir. No se acercaron demasiado porque intuyeron que, después de todos los suplicios que había soportado, lo que le apetecería al pobre condenado en aquel momento sería propinarle un guantazo al crucifijo y mandarlo al carajo.
Unos segundo antes de expirar, el reo oyó la mismísima voz de Dios que decía: Pues ¿sabes que te digo? Que nos estaría bien empleado!¡ Por crueles!.
Y, al instante, sintió que alguien lo agarraba por el cuello y se lo llevaba al Paraiso.