Giocondas tristes en la plaza del pueblo.

null                  Autor foto: Jeroslav Rössler

Bueno,
digo Giocondas por aquello
de la sonrisa triste;
pero eran
unas simples muchachas que llevaban
alfileritos blancos de tristeza
clavados en la frente.
Y no lo parecía, creanme;
así, a primera vista,
no lo parecía;
pero, luego,
cuando pasaba el tiempo, uno veía
las diminutas lágrimas bajando,
¡qué cosa más curiosa!,
desde la misma frente a la sonrisa.
Y,
claro, así,
la lánguida mirada
tambien se recluía
detrás de aquel pañuelo
sutil de agua salada.
Eran bellas muchachas
envueltas en un dulce
perfume a jaramago,
y, muchas veces,
envueltas tambien en carcajadas.
Pero, a pesar de todo,
si te fijabas bien,
los ojos relucían y brillaban
(no tanto como para decir que “aquellos ojos
se nublaban bañados por el llanto”),
no;
pero, quizás porque tenían
muchos años colgados de sus pechos,
las muchachas mostraban
demasiada belleza entristecida.