Cien pares de zapatos.

null       Autora foto: Christine Spengler

Bueno, quien dice cien dice cuarenta,
o treinta,
o veinticinco.

Rodeado de pares de zapatos,
( para limpiar, quede bien claro )
el chinito en cuclillas sonreía.
Y sonreía así
porque se imaginaba
que de aquellos zapatos se habían ido
cuarenta,
o treinta
o veinticinco seres,
personitas
que se habían escapado
dejando en prenda sus zapatos.
Como prendas estaban
y, además,
como raras promesas
de que alguien volvería
para llenar con cuerpos esos huecos.

Lo que más sorprendía era la mueca
sonriente del niño, parecía
que se estaba burlando de los idos,
que sabía
que todos los zapatos andarían
de nuevo y que él tenía
en sus manos los pies de cien fantasmas.
Como era un niño
( chino, recuerden )
sus ojos se alargaban con la risa
y se veía
que estaba muy feliz y que jugaba
con su imaginación a los desfiles.
¿A los desfiles?
Sí,
a los desfiles
de aquellos que se fueron
y dejaron en prenda sus zapatos.
Al fin y al cabo,
él ya sabía
que cada par tendría que marcharse,
forzosamente,
brillante como un sol,
eso sí,
con su fantasma a cuestas por el mundo.

Y que él,
chinito limpiabotas Wei Pin,
volvería a sonreir cuando llegaran
cincuenta chinos más,
o veinticinco,
y dejarán allí
más botas,
más zapatos,
los suficientes
para que él pudiera
organizar de nuevo su desfile,
un hermoso desfile de fantasmas descalzos.