Dos muñequitas negras

Para hacerse una idea
hay que cerrar los ojos.
Imaginad dos caras asombradas,
redonditas las dos,
casi gemelas,
bajo dos pelucones blancos, blancos.
A esas dos muñequitas
las han sentado juntas en dos sillas,
y parecen
dos jueces de una Corte,
o de algún Tribunal de cualquier cosa.
Si no nos da la risa, continuemos:
Como son muñequitas no se mueven
(eso pasa a menudo)
y, sin embargo,
sus ojos merodean por el entorno
como si preguntaran algo,
poca cosa,
quizás, si son muñecas
o personitas negras. La respuesta
está en el aire mudo. Y , por lo tanto,
nadie oye nada y , menos,
esas dos figuritas , negras, negras.

¡Abrid los ojos ya! ¿Qué veis ahora?
A dos niñitas negras
vestiditas de blanco y con pelucas,
que siguen preguntando con los ojos.
Entonces ¿ no os parece
que habrá que responder a esas preguntas?
Tal vez sería bonito contestarles
que sí, que son graciosas,
y que el miedo que enseñan sus ojitos
lo tiene todo el mundo, que no importa
ese color tan negro en sus bracitos;
que mientras sean chiquitas y graciosas,
como dos muñequitas,
no deben tener miedo.
¿Les decimos, tambien,
que tengan precaución cuando las bajen
de esas enormes sillas y las dejen
al borde de la vida, maduritas,
con los culitos prietos y los labios
como dos grandes besos retenidos?
¿Les advertimos
de que no se preocupen si las llaman
“jodidas zorras negras”, que no lloren
si alguien las manosea y no se fija
en que ya no son niñas con pelucas
sino mujeres grandes con los ojos
merodeando aún por el entorno?
Pues, sí, se lo decimos,
y les damos tambien un par de fotos
de aquellas muñequitas asombradas,
redonditas las dos,
casi gemelas,
bajo dos pelucones, blancos, blancos,
tan graciosas.
Y les damos las fotos
por eso de la autoestima, por ejemplo,
para que no se ofendan
si alguien las llaman negras
como quien dice putas,
para que sepan
que son muñecas grandes de culitos
prietos y apetitosos, y que sus labios
se hinchan con la sangre
de un corazón enorme que se sale.